Mensaje al sevillismo: por qué el Sevilla Fútbol Club debe vivir de su pasado

Francisco Garrido Peña

12 de enero de 2026

Sevilla Fútbol Club opinión sevilla fc Vlachodimos

Mensaje al sevillismo: por qué el Sevilla Fútbol Club debe vivir de su pasado

Francisco Garrido Peña

12 de enero de 2026

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Esta noche iremos al viejo Nervión, aunque el frío nos congele las entrañas. Yo nací el mismo año que el Ramón Sánchez-Pizjuán. Soy tan viejo como sus vetustas gradas. Lo del estadio y lo del Sevilla Fútbol Club tiene arreglo; lo mío, no.

Cosas maravillosas de la vida: nuestras ideas y devociones pueden ser eternas, aunque nosotros tengamos fecha de caducidad. Aprendí de Ramon Llull, el gran sabio y poeta mallorquín, aquello de no servir a señor que se me pueda morir, y aquí estoy, en la devoción de un sevillismo que, a efectos personales, será inmortal.

El maltrato horario es tremendo, pero, como decimos con las sanciones y las lesiones, no es mayor que el maltrato al que esta directiva está sometiendo al Sevilla Fútbol Club y a la afición. Todos los adictos al fútbol hemos interiorizado que cada siete días aproximadamente volvía la felicidad, la inquietud o la derrota; que nada era eterno. Pues hasta esa regularidad nos la quieren robar con el desquicie del calendario, los parones del fútbol de Estado (las malditas selecciones nacionales) y otras barbaridades de este fútbol mercantilizado que todo lo arrasa.

El Sevilla Fútbol Club del siglo XXI desafió este infierno endulzado de la mercantilización del juego con un modelo de gestión pragmático, donde se podían conservar, a la par, las raíces vernáculas y la dimensión global. Vamos a ver si esto puede continuar modernizándose y adaptándose a los cambios, y no se lo comen los vampiros del capital. Este es el motivo por el que el anuncio de Sergio Ramos, o los de Lappí y Quintero, llenaron —y todavía hoy llenan— de esperanza este páramo siberiano en que se está convirtiendo el invierno sevillano.

La nostalgia es un precio evolutivo que hay que pagar por la memoria. Y, como siempre, el problema es dar con el precio justo. Si el precio es muy caro, deviene depresión; si es muy barato, alzhéimer. La materia con la que se fabrican los sueños es la nostalgia, expresada como duelo por lo que se pierde o como celebración por lo que se conquista.

El sevillismo hoy es pura nostalgia. Echamos de menos a Kanouté, a Navas, a Banega, a Bono, a Palop, a Alves (a pesar de Alves) a Puerta y hasta a Badé. Nostalgia de las noches mágicas europeas, nostalgia de Europa. Viviendo esta Europa impotente y paralizada, muchas veces pienso si Europa no fue un sueño de libertad que el aficionado del Sevilla Fútbol Club se inventó para poder volar libre y feliz por el continente, más allá de la mafia del Real Madrid y el Farça FC.

Seguimos siendo uno de los clubes más grandes de Europa. Eso costará mucho tiempo no ya olvidarlo, sino superarlo. Lo que hemos hecho es muy grande. Y esto no es vivir del pasado, como dicen los que no tienen más pasado del que vivir. No es que no se pueda vivir del pasado: es que es de lo único de lo que se puede vivir. Las glorias del pasado no caducan; el futuro, en el fondo, se construye con ellas.

El valor energético de las calorías que cocimos ayer es de lo que vivimos hoy. Por el contrario, el valor de las calorías del futuro es exactamente igual a cero. Lo que es ilusorio es pretender vivir del futuro. Somos memoria y nostalgia, y en esto el Sevilla Fútbol Club es enorme, descomunal. No lo olvidemos esta noche, cuando el frío y el maltrato horario nos sacudan, y a ganar a este buen Celta con el que tanta memoria compartimos. ¿Vivir del pasado? ¿Y qué?

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