Teniendo en cuenta la manifiesta inutilidad de los rectores del Sevilla Fútbol Club (entiéndase: su presidente, el inútil mayor José María del Nido Carrasco, el vicepresidente e igualmente inútil Pepe Castro y todos los componentes del Consejo de Administración) quizá lo mejor que le ha podido ocurrir al entrenador y a la afición es que el equipo no haya encadenado victorias en los últimos partidos.
En esos encuentros, merced a la pericia de Matías Almeyda cambiando de sistema, se ha visto una notable mejoría en el juego, pese a que no ha tenido una rotunda plasmación en resultados. Imaginemos por un momento que se hubiera consolidado la victoria en Mestalla, que se perdió en el último suspiro, y que se hubiera arañado un puntito en el Bernabéu. En esa hipótesis, no es descabellado pensar que los necios ya mencionados se hubieran planteado la posibilidad de no realizar en enero la revolución que esta plantilla está pidiendo a gritos.
Con que Isaac hubiera materializado alguna de las ocasiones que tuvo en casa de El Padrino Florentino o con que Alexis hubiera despejado el balón al Turia, habría bastado para que el dúo más dañino que ha conocido el sevillismo hubiese adoptado la nefasta decisión, otra más, de mantener el vestuario tal como está. Nadie tiene duda de que estos incapacitados, que han llevado al Sevilla Fútbol Club a la ruina, se atreverían a cualquier cosa.
El año pasado, por estas fechas, el equipo llegó al parón navideño con 22 puntos, dos más que en la actualidad, pero habiendo disputado un partido más. La trayectoria en esta temporada es similar. Está al alcance sumar los 23 puntos con los que se cerró la primera vuelta en el curso pasado, tras lo que apenas se hizo más modificación que las incorporaciones de Rubén Vargas y Akor Adams. Esto no debería repetirse, a la vista de las carencias actuales, de la nula aportación de algunos futbolistas y del inmenso crédito que tiene Matías Almeyda en comparación con García Pimienta. El entrenador argentino ha demostrado valía suficiente al mando del Sevilla Fútbol Club como para merecerse mejores elementos, lo cual no es muy difícil.
Es un secreto a voces que el portero Álvaro Fernández y el central Ramón Martínez van a dejar la disciplina sevillista, aunque en el caso del guardameta no se podría descartar que vuelva a aferrarse al contrato, como ya hizo en verano, primando los euros sobre los minutos de juego. También debería coger la puerta del vestuario Orjan Nyland, en busca de la actividad y con vistas al Mundial que se le está negando, desde que Odysseas, con mucha más eficacia y solvencia, se adueñó de la titularidad. Tampoco estaría mal que Nemanja Gudelj, previo agradecimiento de los muchos servicios prestados, diera por finalizado su ciclo en el Sevilla Fútbol Club e hiciera un hueco en el vestuario para que fuera ocupado por un central de ciertas garantías que fortalezca una defensa muy abultada cuantitativamente pero escuálida cualitativamente.
El primero que lo agradecería sería Vlachodimos, habitualmente rodeado de enemigos con su mismo escudo que le obligan a recoger el balón de su propia portería en demasiadas ocasiones. Liberarse del serbio es conveniente, dada la imposibilidad de soltar el verdadero lastre que suponen Nianzou y Marcao, cuya clamorosa ineptitud va a perseguir por los siglos de los siglos como un fantasma a su valedor Monchi.
A estas fichas liberadas, debería unirse al menos una más en forma de venta más o menos sustanciosa. Una aparición divina sería que el Nápoles volviera a interesarse por Juanlu, aunque fuera ofreciendo la mitad que en verano. Cualquier aportación económica, por pequeña que sea, que realice a las arcas del Sevilla Fútbol Club siempre será mayor que su contribución en el terreno de juego. Además, permitiría la contratación de un lateral derecho de verdad, categoría a la que nunca llegará Carmona por mucho empeño que le ponga, teniendo en cuenta que a estas alturas de su carrera no ha aprendido ni a sacar de banda.
Alguien debería recuperar aquella vieja tradición de los 90 de hacer un vídeo con la mejor jugada de un futbolista repetida mil veces y pasárselo a De Laurentis, mostrando lo poco bueno que Juanlu hizo el pasado sábado en el Bernabéu. A ver si así cuela, porque el Sevilla Fútbol Club necesita que alguien tapone la banda derecha de la defensa para que deje de ser un coladero.
De todas formas, la necesidad principal, reconocida por el propio Almeyda, es la de un goleador. No obstante, su deseo quedará en mera petición a los Reyes Magos. Como suele decirse en el mundo del fútbol, el gol es muy caro y, precisamente, lo que no tiene el Sevilla Fútbol Club es dinero. Así que habrá que implorar al cielo para que haya más defensas como las del Oviedo, para mayor lustre y esplendor de Akor Adams y para que reaparezca algún equipo incauto, ya sea ruso, turco o de cualquier otra exótica nacionalidad, pujando por Isaac. En caso contrario, poca esperanza hay de que no venga otra medianía similar a la que ya se tiene.
Dura tarea vuelve a tener Antonio Cordón, por tanto, para realizar en enero la revolución que el equipo necesita para que la segunda vuelta de esta temporada no sea como la anterior. Los corazones sevillistas lo agradecerán.








Cuánta razón, Manuel, cuánta razón.
No puede tener más razón
Cierto y claro como siempre.