Orgullo, cantera y fe

Francisco Garrido Peña

14 de abril de 2026

Sevilla Fútbol Club opinión sevilla fc Vlachodimos

Orgullo, cantera y fe

Francisco Garrido Peña

14 de abril de 2026

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Cuenta en su libro ‘Los héroes numerados’ Juan Villoro que el gran antropólogo estructuralista Lévi-Strauss narra el caso de una tribu de Nueva Guinea que, después de ser colonizada por occidentales, adoptó el fútbol como un juego ritual que había que jugar hasta que todos los contendientes tuvieran iguales victorias. Los aborígenes habían entendido que detrás del fútbol latía una cierta ambición, una aspiración de equidad.

Buscando esa ambición, parece que nuestro Sevilla Fútbol Club saltó al campo el pasado sábado tratando de equilibrar las enormes diferencias entre dos plantillas. Una, la atlética, cargada de millones; y otra, la sevillista, de 280.000 euros, según declaró el infame Junior el Martes Santo. Seis canteranos alineó Luis García sobre el terreno de juego, seis. El Cholo Simeone no quiso quedarse atrás y alineó a otros tantos chavales de la casa, más por motivos coyunturales que sentimentales. El Atlético, en Liga, se juega muy poco y en Copa y en Champions se lo juega todo.

La primera parte fue guerrera, pero imprecisa. El penalti que fabricó Romero lo tiró muy bien Adams; había mucha responsabilidad en su elección y aseguró el gol con la potencia y la inclinación del disparo. Me recordó al estilo de aquel holandés del Barça, Neeskens. Los jugadores están situados en su sitio, aunque el equipo no estaba cubierto con la gente de la calidad necesaria, pero eso no es nuevo ni responsabilidad de Luis García.

No hubo ni experimentos raros ni apuestas desconcertantes por recuperar jugadores irrecuperables; no puso a los dos mayores fabricantes de oportunidades del equipo rival, Nianzou ni Carmona. En la segunda parte, con la misma alineación, se notó la mano del técnico y el Sevilla Fútbol Club dio un paso adelante. Solo el resultado corto y el estado de nervios de todos llevaron la inquietud al Pizjuán. Ni un solo tiro a puerta del Atlético; nosotros tuvimos varios acercamientos muy peligrosos y Romero perdió la oportunidad de haber evitado tanto sufrimiento, hasta que Mendy se tiró al suelo, cortando la posible contra colchonera y ayudando al árbitro a señalar el final del partido.

Visto lo visto y sabido lo que sabemos, la contratación de Luis García fue la más adecuada, habida cuenta de lo disponible en el mercado y de lo indisponible en la cuenta corriente del club. Parece como si la actual dirigencia del Sevilla Fútbol Club acierta cuando contrata y se equivoca cuando despide. Debe ser que las contrataciones son decisiones de los pocos buenos técnicos que todavía quedan en nuestro club, pero las destituciones son decisiones que toman los niñatos que nos gobiernan. Echen cuentas y verán que, salvo la genialidad de Sampaoli y Diego Alonso, todos han sido aciertos en la contratación y desastres en la destitución.

Pero ayer, una vez más, ganó el sevillismo. En la actualidad, desde mi punto de vista, la plantilla, uno a uno —cada cual por un motivo distinto, unos por juventud, otros por veteranía y una mayoría por invalidez técnica para Primera División—, el Sevilla tiene una de las tres peores plantillas de la Liga, si no la peor. Solo se salva, muy por encima del nivel medio, el portero griego. Pero el equipo tiene el escudo y tiene a Gudelj, que está siempre ahí.

Este hombre serbio de nacimiento se ha asentado en nuestra tierra como si fuera de Sanlúcar o de Santiponce; vive y corre por sus venas sangre roja. Y tiene, entre sus devotos, a un niño de doce años, Leo, que sufre y goza como nosotros y nosotras con esta pasión que nos enferma y nos resucita. Ayer saltó al césped de la mano de Gudelj y estaba en el vestuario para recibir a los jugadores, entusiasmado. Por eso hoy asumo sus órdenes calladas: Leo, tú nos guiaste a la victoria; tu maravillosa actitud es el mejor ejemplo del “Nunca se rinde”.

Ayer acudí al estadio tan convencido de que bajábamos que me compré un anorak rojo y chillón en la tienda del Sevilla Fútbol Club, mientras esperaba la llegada de mi amigo Ángel Duarte, en quien deposité, tan injustamente, la pesada carga de la baraka sobre los hombros de un sevillista neonato (tampoco Ángel me defraudó). Va esta victoria para Gudelj, sangre de nuestra sangre. Para Leo, nunca se rinde, y para Ángel, of course. Y… para ese abuelo que en Gol Sur, llorando, se abrazaba con sus nietos al pitido final del partido. Lean, por favor, el libro de Juan Villoro, Héroes numerados, se verán retratados.

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