Desde la final de Budapest en la que el Sevilla Fútbol Club ganó su séptima y, por ahora última, UEFA Europe League, no ha recibido el aficionado mejor noticia que la goleada al Barcelona de esta temporada; todo lo demás ha sido un cúmulo de desgracias encadenadas que coinciden con el aumento del protagonismo de José María del Nido Carrasco en la gestión, cuya influencia en la depauperación de la entidad es directamente proporcional. En un intento quizá por halagar a su jefe, decía recientemente el director deportivo Antonio Cordón que nunca había visto un presidente que trabajara tanto en el club. Precisamente, esa es la raíz de los problemas del Sevilla: que una persona tan inútil e incompetente como nunca se ha conocido en el barrio de Nervión se cree capaz de gestionar una entidad de presupuesto cienmillonario.
Pocos sevillistas dudan de esto. Después están otros pocos, la mayoría de los cuales cobran del club, que lo atribuyen todo a la mala suerte o incluso a un supuesto gafe de alguien más o menos cercano a los órganos rectores de la entidad. Desde luego que no sería descartable que el conocido como Junior estuviera rodeado de un halo de mal fario que le persigue allá donde va y que, de forma indirecta, está afectando a la institución que preside. Pero, aunque así fuera, hay demasiados acontecimientos que no se explican con ese argumento; ni siquiera el último que ha ocurrido esta semana, el sorteo de la Copa del Rey, en el que se ha puesto de manifiesto de nuevo que todo lo que le puede salir mal al Sevilla Fútbol Club le va a salir peor.
En estos dieciseisavos de final, solo había un equipo de primera división al que le podría tocar un enfrentamiento a disputar en el estadio de otro equipo de primera división. En unas circunstancias normales se podría haber pensado que, en caso de ocurrir lo que efectivamente ha ocurrido, pudiera deberse a un golpe de mala fortuna, pero, en la dinámica actual del Sevilla Fútbol Club, ese tipo de apelaciones parecen más un recurso de mediocres que un argumento lógico.
Pueden argüir los defensores de la teoría del mal fario que el sorteo de Copa es estrictamente un hecho basado en la fortuna y que pensar en una ‘mano negra’ o en una ‘bola caliente’ es producto de una conspiranoia. Pudiera ser. Sin embargo, ¿también es conspiranoia creer, por ejemplo, que las ¡50! tarjetas amarillas recibidas en los 15 partidos disputados hasta ahora obedecen a una tendencia arbitral premeditada? ¿También es conspiranoia pensar que las dificultades que le pusieron al Sevilla Fútbol Club el verano pasado para cuadrar su límite de coste de plantilla era un agravio comparativo con respecto a otros clubes?
En aquellos tiempos en los que solo había un tonto del pueblo, cualquiera que llegaba por primera vez a una localidad, distinguía inmediatamente quién era el tonto en aquellos lugares. En la actualidad, pasa lo mismo en este pueblo denominado ‘fútbol’. Cualquiera que se asoma por primera vez identifica con rapidez quién es el tonto que se dejará pegar patadas en el culo con tal de que le dejen seguir en la pandilla. El problema es que las patadas se las están pegando en el culo del Sevilla Fútbol Club.
Manando tanta sabiduría desde la cúspide no es extraño que ocurran otros detalles si se quiere menores, pero que muestran con claridad el desbarajuste en el que se ha convertido el club. Se utiliza en un cartel anunciador de un partido la imagen de la ciudad de Badajoz cuando el encuentro se disputa en Almendralejo; se muestra en otro cartel previo a un partido una foto de Joan Jordán quizá con propósito de animar a la afición porque, como se sabe, es uno de los jugadores más admirados por los sevillistas; se promociona la imagen del club en la ciudad organizando un acto con la presencia de futbolistas tan idolatrados como Akor Adams y Ejuke.
¿A quién le sorprende, por tanto, que aspectos tan importantes como la preparación física de la plantilla o la recuperación de lesionados sean un auténtico despropósito? Lo último en este sentido alcanza niveles incomprensibles. Cómo es posible que se lesione un futbolista, Kike Salas, al haber jugado medio derbi y un partido entero de Copa del Rey. Aquí lo mismo se lesiona Suazo por acumulación de partidos al jugar con su selección y ser, hasta ahora, el único jugador en su puesto que se daña un futbolista ¡con sobrecarga! porque lleva meses sin jugar. Tanto vale lo mucho como lo poco para mandar a media plantilla a la enfermería. Pues seguirá habiendo mentes pensantes que lo atribuyan todo a la mala suerte o al gafe. Así nos va.







