No hay mal que por bien no venga. Doy por buena esta humillante derrota si sirve para acelerar el cambio institucional en la dirigencia de nuestro Sevilla Fútbol Club. El partido contra el Levante venía cargado de malos presagios en forma de lesiones y sanciones, y venía también con un pequeño genio de la carretera de Utrera, al que solo los ineptos dirigentes actuales se atrevieron a malvender: Carlos Álvarez.
Al final, el desenlace fue terrible y cruel: el 3-0 lo selló Carlos. Hoy, hasta los Biris se equivocaron; no en el fondo de la protesta —tienen toda la razón del mundo—, sino en la forma. No entrar o no animar hasta el final es como darse un tiro en el propio pie. Esto ya no aguanta más. Váyanse ya del Sevilla Fútbol Club, por favor. No alarguen más esta agonía: van a terminar aborrecidos por el sevillismo.
En mi memoria rondaba aquel 0-4 del Levante en el Sánchez-Pizjuán, con goles de otro canterano, Lauren, incendiando Nervión. Fue en la temporada 97-98, en Segunda División. Fin de la memoria; llega el futuro.
Ya no sé si lo predije o si fueron solo ilusiones de mi inconsciente, pero siempre pensé que la vuelta de Sergio Ramos al Sevilla Fútbol Club, hace dos temporadas, era solo el primer paso de una hoja de ruta cuya estación final sería la compra de la entidad. La oferta que suena en las últimas horas así parece confirmarlo. Por eso, este texto de hoy está redactado en clave de petición personal.
Sergio Ramos, que estás en los cielos, no lo dudes: baja y compra. Tú, que fuiste la primera víctima de Benavente, redímite definitivamente saliendo al paso de esta noche oscura del alma sevillista. Discúlpame por haber dudado en muchas ocasiones de tu sangre roja; demasiadas. Ya te lo dije cuando volviste a ponerte la camiseta de tu infancia.
En tus manos está que, una vez que los vampiros huyan del cuerpo sagrado del club, el Sevilla Fútbol Club siga siendo de los sevillistas. Parece una paradoja: vampiros huyendo de la sangre. Pero no lo es, porque los vampiros no buscan muertos, sino vivos a los que desangrar, y estos —mucho me temo— no serían vampiros altruistas.
Ven y tráete a Monchi, a Caparrós y a Blanco: la Trinidad sevillista. En ti, como en Lappí y Fede Quintero, está hoy nuestra esperanza. El abuelo sevillista de los Biris, que este año pasó al tercer anillo, te lo pide también.
Desconozco —y me importa un pito ahora mismo— si el capital que te avala es todo tuyo o tiene una inercia compuesta, como el interés. Lo que no dudo es que tú nunca te comportarías como un vampiro, porque tu sangre brota de la misma fuente que la nuestra: eres sangre de nuestra sangre.
El vampiro necesita sangre; a ti te sobra. Sabemos que la ley de sociedades anónimas deportivas fue, en realidad, una expropiación en toda regla del patrimonio que habían acumulado miles de sevillistas a lo largo de la historia. Pero, una vez dado el paso de convertirnos en sociedad anónima, la mejor garantía de que el capital no actúe como vampiro es que quienes lo posean al Sevilla Fútbol Club tengan sangre sevillista. No existen vampiros con dispositivos de autotransfusión.
Ven, Sergio. Tú que puedes. Pero que esto termine ya.








Una vergüenza…