Buen consuelo para la plantilla del Sevilla Fútbol Club, que no para sus aficionados, es haber empatado con el Rayo Vallecano en el último partido en el Sánchez-Pizjuán, en un anodino espectáculo sin fútbol alguno, debido a que los sevillistas no lo tienen y a que los rayistas controlaban el balón, pero sin aproximarlo a la portería de Vlachodimos.
La victoria era demasiado premio para el Sevilla Fútbol Club, así que quiso el destino compensar a los visitantes, y no había mejor forma de hacerlo que permitir que aprovecharan una nueva concesión, la enésima en esta temporada, de sus rivales sevillistas, quienes encuentran también otro buen consuelo en el hecho de encadenar cinco partidos sin perder, lo que no ocurría desde hace un par de años. ¡Ay, aquellos tiempos en los que se reprochaba al equipo que solo sumara de uno en uno!
Ahora, cada punto que se adiciona es recibido como un maná del cielo porque permite mantener la esperanza en no verse muy ajustado para mantener la categoría; así de triste es el presente de este Sevilla Fútbol Club construido por dos personas tan indeseables como José María del Nido Carrasco y Pepe Castro, pobre gente que lo único que tiene es dinero. De esta forma, y con una victoria mensual, se está conservando la distancia con respecto al abismo en este tramo relativamente plácido de la temporada.
Ya se verá si es suficiente cuando, en los tres últimos partidos del calendario, el Sevilla Fútbol Club tenga más dificultades para sumar. Esto ocurrirá cuando reciba la visita de Villarreal y Real Madrid y cierre la campaña en Vigo ante el Celta. En cualquier caso, eso ya llegará; de momento, y en lo más inmediato, el encuentro en el Sánchez-Pizjuán ante otro rival directo como el Valencia se ha convertido en crucial, pues la visita ante el Barcelona parece un mero trámite del que no saldrá ni mucho menos el triunfo mensual que se requiere.
Aunque los protagonistas lo nieguen, en este último tercio del curso todos tienen más que analizado el calendario y ya han definido cuáles son sus partidos en los que ineludiblemente deben conseguir los puntos que los evadan del cataclismo. Hay que tener en cuenta que los equipos con más papeletas para el descenso —Elche (26 puntos) y Mallorca (25)— precisan lograr no menos de cinco victorias en los once partidos que restan, cuando prácticamente han conseguido esas mismas (una más, los baleares) en los 27 de los dos primeros tercios.
Las cuentas del Sevilla Fútbol Club apuntan a que tres victorias serían suficientes para evitar el desastre. Las visitas a Oviedo y Levante, casi descendidos, junto con el ya mencionado compromiso ante el Valencia, parecen los más propicios para la suma de tres, ya que los enfrentamientos con Osasuna, Real Sociedad, Espanyol y Celta apenas dan para aventurar algún empate, mientras que tener enfrente a Barcelona, Atlético de Madrid, Villarreal y Real Madrid es garantía de derrota.
En estas cábalas es lógico pensar que el paupérrimo objetivo de salvar la categoría —solo escribirlo ya duele y provoca una inquina infinita hacia los culpables de esta desgracia, los malditos Del Nido Junior y Pepe Castro— se asienta sobre la base de sumar muchos empates y alguna que otra victoria, en la confianza de que siempre habrá tres equipos que ni siquiera lleguen a tan mediocre resultado.
De ahí que la estrategia de Almeyda sea la correcta, aunque no es menos cierto que hay que ponderarla en sus justos términos, algo que no parece que se hiciera en el reciente partido ante los vallecanos. Dar por bueno el punto en el derbi, con el Alavés y con el Gerona es entendible, dado cómo se habían desarrollado los partidos, pero aferrarse a las tablas en un encuentro en el que el rival solo ha ejercido un control inofensivo del balón y ha empatado merced a una desaplicación propia quizá aconsejara buscar la victoria con más ahínco, sin, evidentemente, desmontar la retaguardia.
Plasmado esto en lo acontecido en el terreno de juego, el mensaje que Almeyda y su alter ego Javi Martínez trasladan cuando eligen a Carmona para sustituir a Azpilicueta es netamente conservador, máxime cuando sitúan al visueño en la posición de extremo por delante de Juanlu como lateral. En sentido contrario, la entrada de Januzaj habría evidenciado una voluntad más ofensiva y, por tanto, valiente en la búsqueda de los tres puntos. Este tipo de conformismo es el que puede jugar una mala pasada a largo plazo si, por mor de las circunstancias, el equipo volviera a la nefasta versión del tramo central del calendario. Habrá que tocar madera, sobre todo, para que no ocurra lo peor: que se lesione Azpilicueta.







