El estado actual del Sevilla Fútbol Club es mucho peor que el de la temporada pasada. No solo porque cuantitativamente tenga menos puntos en la tabla clasificatoria y, cualitativmente, peor plantilla, sino porque el empeoramiento se ha visto agravado con la ausencia de control de la entidad. Nadie está capacitado, ni reconocido internamente, para ejercer la dirección.
El Sevilla Fútbol Club es hoy en día una sociedad en la que, por varias razones, nadie ejerce la mínima autoridad que debe guiar los destinos de cualquier colectivo. El presidente José María del Nido Carrasco es un títere que no tiene la capacidad intelectual, los conocimientos, la personalidad, y la credibilidad que debe tener no ya quien quiera dirigir una Sociedad Anónima con un presupuesto cienmillonario, sino tan solo una comunidad de vecinos.
Esto mismo podría decirse tanto del vicepresidente y otrora mandamás, Pepe Castro, y del resto de miembros del Consejo de Administración del Sevilla Fútbol Club. Su situación de interinidad en sus cargos les resta la escasa credibilidad que les quedaba, de ahí que se haga urgente que pasen por la notaría para firmar pronto los protocolos y contratos de venta de sus acciones y que nuevos gestores con brío y con interés asuman el control del club.
Con esta situación en las más altas esferas, es fácil imaginar cómo es el estado diario del resto de departamentos. Imaginarse el discurrir cotidiano en los servicios médicos y de preparación física de la plantilla es como reproducir una película de los Hermanos Marx, y más concretamente la escena del camarote, en la que se agolpan una decena de personas a intentar hacer sus labores sin orden ni concierto y todos se molestan entre sí. Lejos de ser una situación cómica, esta dinámica tiene una importante repercusión en el vestuario del Sevilla Fútbol Club y, más concretamente, en el estado mental de una plantilla que desconfía de quienes deben velar para que su estado físico sea el mejor a la hora de saltar al terreno de juego.
Solo hay que imaginarse qué debe pasar por la mente de Azpilicueta. Es un jugador cuya salud ha estado en manos de numerosos profesionales durante su larga trayectoria, sin el menor contratiempo, y ahora tiene que tumbarse en la camilla para ser asistido por personas que le están llevando a encadenar una lesión muscular tras otra, en connivencia y complicidad con el preparador físico. Azpilicueta, Alfon, Vargas… una larga lista de jugadores del Sevilla Fútbol Club que están padeciendo la incapacidad de todo el departamento que debe ponerle en las mejores condiciones para el desempeño de su profesión.
El deterioro de la asistencia médica y preparatoria no es, evidentemente, el origen de los males del Sevilla Fútbol Club. Sí es un agravante más a una situación ya caótica que en su conjunto se plasma en el terreno de juego, donde no reina el más mínimo orden, como se puso de manifiesto en el lanzamiento del penalti en el reciente partido ante el Levante. En esa sola jugada se evidencia el más absoluto caos en el que se encuentra el equipo, lo cual resta mucha credibilidad a quien hasta ahora solo aparecía como capacitado para insuflar el mínimo de liderazgo que se necesita, Matías Almeyda.
En ningún caso, bajo ningún concepto, y sin la menor justificación puede permitir un entrenador que quiere gobernar a su colectivo que la responsabilidad de ejecutar ese penalti la adquiera otro jugador que no fuera el que más galones, por trayectoria y experiencia, tenía en ese momento en el terreno de juego. En condiciones normales y en un equipo medio serio, sólo con una mirada le hubiera bastado a Alexis para mandar varios metros atrás a Isaac cuando se le acercó a pedirle el balón. Pero el Sevilla Fútbol Club hoy en día es cualquier cosa menos un equipo o una entidad seria.
Por eso, a pocos días de pasados los Reyes Magos, el equipo ya no precisa de un buen puñado de regalos en forma de jugadores de refuerzo; lo que necesita es un verdadero milagro de quien debe conformar una plantilla digna de la primera división del fútbol español; aunque tampoco parece que Antonio Cordón ande sobrado de crédito.
Que se iba a necesitar a un goleador para el segundo tramo liguero, lo sabía hasta el aficionado de menor edad que se sienta en las gradas del Sánchez-Pizjuán desde la jornada uno. Resulta sorprendente que se vayan a cumplir ya dos partidos del mes de enero sin que aparezca alguien mínimamente capacitado para ocupar el puesto de delantero centro en el Sevilla Fútbol Club. Que se eche de menos a un jugador tan cortito como Akor Adams… ya es suficientemente revelador.
Pero en este club nadie tiene ya credibilidad para nada; todos esconden los múltiples errores propios detrás de los múltiples errores ajenos. Así asistimos al hundimiento de la sociedad mientras sus dueños lo que intentan salvar son sus euros.







