Vuelven a dar la vuelta al mundo imágenes del Sevilla Fútbol Club en un Sánchez-Pizjuán con un ambientazo como en ningún otro lugar se conoce ni se es capaz de crear. Sucede con la particularidad, en esta ocasión, de que la energía que traslada una afición a su equipo no es para conseguir títulos ni alcanzar finales, sino para mantenerlo con vida.

Este trance por el que atraviesa el Sevilla Fútbol Club por culpa sola, única y exclusivamente de José María del Nido Carrasco, Pepe Castro y los restantes miembros del Consejo de Administración requiere de un esfuerzo adicional del sevillismo para que la entidad no se pierda en los abismos de la segunda división, de la cual es mucho más difícil salir que entrar. Esta tesitura es precisamente la que da más valor no solo a la afición, sino a la propia entidad.
Las imágenes del sábado, más que las que se deben repetir en la cita ante el Real Madrid que queda por disputar esta temporada en Nervión, tuvieron una especial repercusión en dos lugares. En primer lugar, y en el aspecto deportivo, en el entorno del Espanyol, el último rival con el que se disputó un encuentro crucial para ambos. Inmerso en una nefasta racha de ausencia de victorias, el equipo de Manolo González debía conseguir en el manicomio del Sánchez-Pizjuán lo que aún no ha sido capaz de lograr en todo este año 2026: una victoria.
Teniendo enfrente esa bendita locura sevillista, han caído escuadras como el Manchester United inglés, la Juventus italiana y la Real Sociedad, entre otros. Ahora le llegó el turno al equipo españolista, con unos jugadores mentalmente alicaídos por culpa de su racha negativa, con escasa confianza en sí mismos y con muchas dudas en torno a las instrucciones técnicas que les muestra su entrenador.
No obstante, estos no son más que factores que juegan a favor de los sevillistas, cuyo desempeño tenía que ser necesariamente igual o superior al de esas otras noches mágicas. Como la vivida el pasado lunes también ante la Real Sociedad, tanto en derroche de energía como en calidad futbolística, pese a que esta sea tan escasa.
Pero aún más importancia tiene la repercusión de la efervescencia sevillista en los despachos de las empresas financieras y empresariales Five Eleven Capital y JB Capital. Son las futuras propietarias del paquete mayoritario de acciones de la Sociedad Anónima Deportiva que responde al nombre de Sevilla Fútbol Club. En ellas, se valora con extraordinario interés un concepto que los economistas dan en llamar “fondo de comercio”. Los Martín Ink, Javier Botín y compañía han debido verse extraordinaria y gratamente sorprendidos al contemplar algo tan insólito en el mundo del fútbol como la movilización masiva que hace el sevillismo cuando su equipo está en grave peligro.
“Qué buenos vasallos si tuvieran buen señor”, han debido pensar cuando llegaron ante sus ojos esas imágenes de pasión por unos colores futbolísticos, que inmediatamente, como inversores que son, han traducido a términos económicos, elevando hasta el infinito ese “fondo de comercio” al que otorgan tanta importancia.
El valor que adquiere ante sus ojos la fortaleza del sentimiento sevillista y el respaldo incondicional de una masa social compuesta por millones de personas les debe llevar a considerar que la inversión económica que han de hacer para comprar las acciones puede ser fácilmente rentabilizada a poco que se obtengan resultados en la actividad principal de la empresa, es decir, que se tengan buenos resultados en el terreno de juego.
Así pues, la importancia de la movilización sevillista en este contexto redunda en lo más directo e inmediato en la necesidad de mantener la presencia en primera división. Sin embargo, observándolo a medio plazo, adquiere una trascendencia aún mayor, pues debe conferir aún más confianza en la inversión a quienes desean dirigir el futuro del Sevilla Fútbol Club.
Las imágenes de las gradas del Sánchez-Pizjuán en esa explosión de júbilo hacen pensar que incluso 400 millones de euros son pocos en comparación con el valor que tiene una afición con una capacidad de movilización y una fidelidad como pocas se han visto en el mundo futbolístico. Hay que ser tan necio e incapacitado como Del Nido Carrasco, Pepe Castro y compañía como para no aprovechar semejante caudal de energía.







