No resta ni un ápice de tensión a la coyuntura el hecho de que sea lógico el trance por el que está pasando el Sevilla Fútbol Club y su afición, que observa ojiplática el desarrollo de la negociación protagonizada por los máximos accionistas, como vendedores, y Sergio Ramos en unión con Five Eleven Capital, como compradores, la cual ha entrado en la fase de incertidumbre en la que, habitualmente, incurren este tipo de procesos debido a su propia dinámica.
Es habitual que las operaciones de cierta envergadura y trascendencia, sean de la índole que sean —coaliciones políticas, fusiones empresariales, transacciones comerciales—, alcancen un punto de máxima tensión que suele ser el preludio de la resolución, ya sea positiva o negativa, puesto que las aristas más peliagudas de la negociación se posponen precisamente para el final de la misma.
La dinámica de estas operaciones suele avanzar rápidamente en sus inicios, pues en ese momento se acuerdan los aspectos en los que hay mayor coincidencia, mientras que todo aquello que genera discrepancia se posterga para una fase futura. Así transcurren las conversaciones con cierta calma, hasta que el futuro llega y se alcanza el momento en el que hay que abordar todo aquello que se pospuso y en lo que los niveles de coincidencia ya no son tan altos; por lo tanto, la tensión está asegurada entre los protagonistas y la incertidumbre también lo está para los espectadores.
No es anómalo, pues, el momento que atraviesa el club, y menos aún si se tienen en cuenta algunos otros detalles, como la personalidad de algunos de sus protagonistas o la relación existente entre ellos. De ilusos es pensar que la animadversión que inunda a la parte vendedora no va a tener reflejo en la negociación.
Hay que tener en cuenta que entre los aún máximos accionistas el ambiente sigue estando igual de caldeado que siempre y que, metafóricamente hablando, los cuchillos siguen en todo lo alto, hasta el punto de que el principal protagonista, por cuanto es el propietario del paquete accionarial más grande, está ausente y moviéndose en la sombra, lo cual le hace aún más imprevisible e incluso peligroso para la operación.
No olviden que cualquier proceso en el que esté implicado José María del Nido Benavente va a transitar siempre por el borde de la legalidad, con lo que eso supone de complicación para el resto de intervinientes.
A los ojos del sevillismo, no obstante, las circunstancias internas de las partes y el desarrollo mismo de la negociación no dejan de ser un aspecto poco más que morboso, por mucho que los protagonistas se empeñen en realizar filtraciones a la prensa para ganar el relato, ya que lo único importante para la afición es que a lo largo del verano se le surta de noticias positivas que le den la esperanza suficiente como para creer que la nueva temporada va a ser diferente a las precedentes.
Ahí es donde radica la incertidumbre del sevillismo, exclusivamente pendiente, aun sin haber terminado todavía la campaña 25/26, de los nombres que defenderán sus intereses en el futuro más inmediato, sabedor de que la transformación que necesita la plantilla debe alcanzar la consideración de revolución.
Tan solo en un mínimo repaso de la plantilla se observa que más de la mitad de sus componentes no tienen garantizada su continuidad en ella, sea por unas circunstancias o por otras.
Los tres porteros están pendientes de alguna decisión por parte del club: Odysseas cumple cesión, Nyland acaba contrato y Alberto Flores deberá decidir ya si busca protagonismo por otros lares.
En la defensa, las salidas del cedido Cardoso y del fracasado Gattoni deben ser cuestión de tiempo; los contratos de Nianzou y Marcao deben resolverse y Azpilicueta ya ha anunciado su retirada.
En el centro del campo, el cedido Mendy no ha hecho méritos, Jordán debe recibir el finiquito, Januzaj agota contrato y las continuidades de Gudelj y Manu Bueno deben ser estudiadas por condiciones opuestas, uno por mayor y otro por joven.
Y, finalmente, en la delantera, las vinculaciones de Alexis y Maupay están agotadas. Sumen nombres y les da la cifra de nada menos que 15 plazas las que tendrá que cubrir el nuevo director deportivo, además de definir quién será quien los dirija.
En esta incertidumbre no es raro que ocurran cosas tan feas como que, mientras García Plaza prepara el último partido, ya se esté deslizando el nombre de Bordalás como apuesta del grupo comprador para sustituirle.
Nadie dijo que la operación de compraventa iba a ser fácil ni mucho menos siempre grata.







