El Sevilla Fútbol Club y el hablar sin saber

Manuel Vicente

18 de abril de 2026

Manuel Vicente, columnista de dorsal16 sobre el Sevilla FC

El Sevilla Fútbol Club y el hablar sin saber

Manuel Vicente

18 de abril de 2026

Manuel Vicente, columnista de dorsal16 sobre el Sevilla FC

En un ejercicio de inesperado atrevimiento, el nuevo entrenador del Sevilla Fútbol Club se estrenó ante su público alineando de salida un once con el que absolutamente nadie contaba. Incluyó solo a uno de los fichajes llegados en la presente temporada y nada menos que a seis canteranos (Juanlu, Castrín, Kike Salas, Oso, Manu Bueno e Isaac). De estos, tres aún tienen ficha del filial, con el que han jugado algún partido en esta misma campaña.

Los jugadores del Sevilla FC celebran el primer gol ante el Atlético de Madrid
Los jugadores del Sevilla FC celebran el primer gol ante el Atlético de Madrid | Dorsal16

Con ese equipo compareció Luis García Plaza teniendo el agua al cuello. Los resultados de la jornada le colocaban en puesto de descenso, y nadie clamó ni puso el grito en el cielo. Las quejas y lamentos llegaban, sin embargo, porque el entrenador del Atlético de Madrid alineaba frente al Sevilla Fútbol Club a cuatro jugadores de su equipo B. La intención era reservar a sus grandes estrellas para los compromisos siguientes que tenía ante el FC Barcelona, en la búsqueda de una semifinal de Liga de Campeones, y ante la Real Sociedad, en la final de la Copa del Rey.

Algunos dirigentes de equipos menores de LaLiga clamaron contra una supuesta adulteración de la competición, en la creencia de que el Atlético de Madrid había regalado los tres puntos al Sevilla Fútbol Club. No caían en la cuenta, o directamente menospreciaban, que en la alineación dispuesta por Simeone aparecían unos tales Baena o Sorloth, que a buen seguro serán mundialistas este próximo verano, o que a lo largo del partido saltaba al césped un tal Lookman, por el que se han pagado 35 millones de euros en el mercado invernal.

Los citados llantos no tenían en cuenta que, al igual que los colchoneros, otros entrenadores también implicados en eliminatorias europeas habían realizado la misma gestión de plantilla. Así, el céltico Claudio González dejó en el banquillo a jugadores como Iago Aspas, Borja Iglesias, Mingueza, Moriba o Jutglà. Los reservó para su siguiente partido UEFA y le valió quedar por debajo en el marcador ante el colista Oviedo ya en el minuto 4 de juego. No muy diferente y con idéntico resultado fue la decisión adoptada por el míster del Rayo Vallecano, Íñigo Pérez, para su encuentro de Conference League. Prescindió de Palazón, Pathé Ciss y De Frutos en Mallorca y perdió.

Esto, que en el argot futbolístico se conoce como dosificación de esfuerzos, no sorprende a ningún aficionado de equipos acostumbrados a verse inmersos en estas necesidades que vienen impuestas cuando se juega en más de una competición. Es más, la hinchada de dichos equipos requiere y prácticamente obliga a que se realicen estos ejercicios de gestión de plantilla, pues la lucha por un título se prioriza sobre la consecución de tres puntos ligueros que, o bien se podrán conseguir en otro encuentro, o bien carecen de trascendencia si el devenir de LaLiga así lo determina.

Esto, que es fácilmente comprensible para la mayoría de los aficionados, parece que no entra en la cabeza de algunos dirigentes de clubes que jamás se han visto en dicha tesitura. En su trayectoria histórica, el único campeonato que han conseguido es el de Segunda División. Parece obvio que, si no se sabe qué es pelear por un título europeo, difícilmente se va a entender la necesidad de priorizar dicho objetivo sobre otros que en ese momento se consideran menores.

Difícil es imaginar cuál habría sido la expresión de cualquier hincha atlético si su entrenador hubiera alineado a los Griezmann, Julián Álvarez, Llorente, Koke, etc., en lugar de reservarlos para el trascendental partido ante el FC Barcelona y para la inmediata final de Copa. Del mismo modo, ningún hincha rayista hubiera aceptado que se corriera el riesgo de una lesión para cualquiera de sus titulares cuando está en sus manos triunfar en el continente, aunque sea en la competición de tercera categoría.

Quienes no pueden entender esto son los dirigentes segundones, que están más pendientes de lo que hacen los demás que de afanarse y trabajar por sus propios intereses. No es extraño, por tanto, que las únicas voces que han clamado contra algo habitual en la práctica futbolística procedan de clubes menores en sus respectivas ciudades, donde los grandes éxitos proceden siempre de otras entidades de mayor lustre y categoría, por mucho que circunstancialmente atraviesen momentos de dificultad.

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