La Bombonera grita

Francisco Garrido Peña

4 de mayo de 2026

Sevilla Fútbol Club opinión sevilla fc Vlachodimos

La Bombonera grita

Francisco Garrido Peña

4 de mayo de 2026

Sevilla Fútbol Club opinión sevilla fc Vlachodimos

Se subió al autobús y su rostro me sonó familiar: era uno de los tertulianos habituales de aquella magnífica «La Bombonera debate». Ese programa de la tele del Sevilla FC que dirigía el periodista de raza, enfermo de sevillanía, que es Miguel Ángel Moreno. Una referencia para todo el sevillismo. Júnior y la banda de atracadores de ilusiones sevillistas se lo cargaron, sin una sola palabra ni explicación. La timidez congénita me impidió saludarlo; no nos conocíamos personalmente, pero ese muro invisible que es la timidez me frenó.

Los lunes eran un día preferido para mí y, antes de dormir, contemplaba con una sonrisa entre cariñosa y eufórica las disputas y los acertadísimos debates del sabio sevillismo. Por allí pasaron este hombre, un economista que realizaba rigurosísimos análisis, un policía municipal de un pueblo de Sevilla que exultaba pasión y acierto a partes casi idénticas, una pareja de hombres felices que siempre te llenaban el alma de optimismo y sonrisas tiernas… y tantos y tantas otras. No se daban de sevillistas de relumbrón; los aprecié muchísimo. La Bombonera debate fue para mí como una estancia posdoctoral en el Oxford de Nervión.

Esta tertulia olía a la peña Macareno, a la peña Rélente o a la magnífica peña de Gerena. Olía a mi padre, a mi madre, que siempre escuchaba a Alvarado en sus retransmisiones, a mi tío Manolo, a Vicente el carnicero o a mi vecina Victoria, modista exquisita, a quien yo vi llorar desconsolada en el primer descenso, en el año 1969, sin haber visto en su vida, ni siquiera por televisión, un partido de fútbol.

En muy pocas ocasiones me senté ante una pantalla con tanta ilusión y expectación como esas noches de los lunes. Por si no había motivo para maldecir a los niñatos que nos gobiernan, este borrado infame de mi programa cultural favorito ya sería suficiente. Tampoco he tenido el gusto de conocer personalmente a Moreno, pero intuí por sus comentarios cofrades que compartimos, como miles de sevillistas, la doble llave de la gloria: el Sevilla FC y la Semana Santa.

Luego he podido comprobar su buen hacer y sabiduría cofrade en otros empleos profesionales. Moreno no hablaba, sino que refería, con esa forma de decir sin decir, como si fueran una especie de notas a pie de página, como con la modestia con que se detallan las imperceptibles modificaciones de la elegancia que hacen los priostes una vez que la capilla se ha cerrado al público.

Porque los que relatan y aman este escudo o las glorias de Sevilla nunca son ostentosos, ni persisten con el jolgorio o el escándalo; hablan como en voz baja, como si estuvieran en el templo, susurrando más que diciendo. De lo íntimo no se grita ni se alardea, sino que se goza y se disfruta casi en el umbral del olvido.

José María Izquierdo, Jacinto Ilusión, el poeta de Divagando por la ciudad de la gracia, sería un buen ejemplo de ese tipo de sevillanía. O mi amado y repetido Cernuda, que amó tanto a Sevilla que la odió con pasión sin igual y nunca la nombró en el mejor libro sobre la ciudad que se ha escrito en el siglo XX, Ocnos. Ese era el tono de estas tertulias futbolísticas, tan distintas a la grosera gente del fútbol tipo Chiringuito. La Bombonera debate exultaba distinción y sutileza a base de mirarse como nos quería Unamuno: «finos y fríos».

Pues bien, este lunes, cuando leas este post, la Bombonera va a reventar. No será un debate, sino un grito de furia y coraje sevillista. Todos y todas, al rojo, nos dejaremos la garganta y los nervios para demostrar que el gran león que viene aullando, que el viejo abuelo del fútbol español, sigue vivo aunque estemos a las puertas del infierno. Porque así es el sevillismo: fino y frío, elegante, pero también una fuerza desatada de la naturaleza, y eso lo saben y lo temen los malnacidos que se sientan en el palco.

Por eso, hoy la Bombonera volará de roja pasión, y al palco de los rollos del váter, como preludio de nuestra ilusión rojiblanca y de nuestro miedo. Los resultados de la previa dan juego para todo. En estos momentos, una vez que ha perdido el Alavés, volvemos a depender de nosotros mismos. El sevillismo ha agotado el papel de las entradas y del váter, otra señal manifiesta que diferencia esta ocasión de las anteriores. Pero si hemos estado en los momentos gloriosos, no vamos a dejar de estar en los momentos angustiosos. ¡Vamooooos!

Deja un comentario