Adiós, Junior

Francisco Garrido Peña

19 de mayo de 2026

Sevilla Fútbol Club opinión sevilla fc Vlachodimos

Adiós, Junior

Francisco Garrido Peña

19 de mayo de 2026

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Por fin… el fin de esta tortura, qué alivio. Seguimos en Primera y Junior se va. ¿Quién quiere más? El Sevilla FC, después de la victoria ante el Villarreal, gana los partidos con el escudo, y eso es tan tremendo como imparable, pero pretender que gane también al árbitro es ya demasiado. Afortunadamente, con tres victorias seguidas ha sido suficiente.

El Madrid no hizo nada y, como siempre, se robó la victoria. Este club, incluso cuando no lo necesita, lleva en su ADN el robo y la corrupción institucionalizados.

El gran mérito de Luis García Plaza ha sido poner orden y dejar que cada jugador del Sevilla FC haga lo que sabe hacer donde puede hacerlo. Lo demás lo ha hecho el escudo. ¿Y quién es el escudo, ese que gana partidos? Una extraña amalgama sincronizada de historia, leyenda, creencias y afectos tan inquebrantables como orgullosos, aislados de un entorno hostil.

Ante la Real Sociedad, el Sevilla FC fue todo orden y furia, lo que le permitió ganar por la mínima y garantizar que el contrario no jugara. Ante el Espanyol y el Villarreal hubo remontadas de las que recargan industrial y deportivamente el depósito de confianza y de creencia en las propias posibilidades. Ver a Oso anotar un gol a lo Šuker, o a Adams marcar a lo Cristiano, era increíble.

La imagen del sevillismo de rojo con las cascadas de papel blanco brotando desde los graderíos es la imagen de la temporada: un cuadro abstracto donde las figuras geométricas desaparecen y todo son curvas y trazos que difuminan la visión y amplían la profundidad de la conceptualización. Esa cascada de papel era la expresión de un miedo angustioso tornado, por obra de la mitología recuperada —nunca se rinde—, en una explosión de alegría y fuerza imparable.

El hecho de que ya se atisbe en el horizonte la salida cruel y avergonzada de los herederos, y la llegada triunfal de Sergio Ramos, ha desbloqueado en parte el tapón emocional en el que andaba sumido el sevillismo. Comienza una nueva era, pero no porque haya entrado capital extranjero. A estos efectos, como ya he dicho, capital extranjero es todo el que provenga más allá del pino jorobado de la carretera de Carmona por el norte o de las marismas de Lebrija por el sur.

Creo que la fórmula elegida por Ramos es la ideal: sangre sevillista y dinero extranjero. Todo dinero es siempre extranjero en el país de las creencias y las emociones, como es el fútbol de los aficionados. El manejo de los equilibrios será difícil, pero la familia Ramos garantiza la continuidad del sevillismo como alma política del club.

Queda Vigo, allí iremos sin agobio. Nunca mais, como dicen los gallegos.

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