Otra semifinal contra el Valencia

Manuel Vicente

21 de marzo de 2026

Manuel Vicente, columnista de dorsal16 sobre el Sevilla FC

Otra semifinal contra el Valencia

Manuel Vicente

21 de marzo de 2026

Manuel Vicente, columnista de dorsal16 sobre el Sevilla FC

Premisa fundamental para que el Sevilla Fútbol Club no se vea agobiado por el miedo a caer al abismo es lograr una victoria mensual, y aquí anda el mes de marzo amenazando con que se incumpla esta obligación imprescindible, que cobra más importancia al entrar en la recta final del campeonato, a falta de diez compromisos, los más importantes de la temporada, en palabras del sabio Luis Aragonés, que de fútbol entendía un poquito el hombre. Ahora es cuando queman las papas, y, como primer escalón de esta cumbre final, se van a enfrentar el sábado dos equipos históricos venidos a menos por culpa de los delirios de unos dirigentes que no supieron gestionar un club grande y pretendieron convertirse en todopoderosos. Sólo un detalle diferencia a los directivos valencianistas que hundieron a su club con respecto a los sevillistas: los Amadeo Salvo, Aurelio Martínez y compañía al menos vendieron la entidad después de cometer el desastre; sin embargo, Del Nido Carrasco, Pepe Castro y todo el Consejo de Administración que transita por la planta noble del Sánchez-Pizjuán son incapaces de admitir su inutilidad y su incapacidad, de manera que siguen anclados a sus sillones, inmersos en un proceso de venta, sin querer asumir las responsabilidades por llevar al club a la ruina económica y deportiva. Difícil encontrar tanta estulticia en el mundo del fútbol.

 

Por estas turbulentas aguas del descenso se ven ahora transitando dos equipos que hace una década se jugaron participar en una final europea en la que se coló el Sevilla gracias al mítico gol de Mbia. Justo doce años después, su panorama es radicalmente distinto, con los hispalenses a cinco puntos de perder la categoría y los ches a seis, lo que supone estar a tres y cuatro puestos del descenso, respectivamente; es decir, que quien caiga derrotado se va a ver con el agua al cuello y con un pie colocado en la zona más caliente de la clasificación. La repercusión que ello tendría en los sevillistas probablemente trascendiera a lo deportivo para convertirse en un aspecto crucial en el proceso de venta de la entidad, dado que el incremento de las probabilidades de descenso a segunda reduciría considerablemente no sólo el valor de las acciones, sino también el interés de los compradores por hacerse con un club demasiado alejado de la élite. Así pues, acercarse al descenso podría derivar o bien en una aceleración del proceso de venta, dado que los vendedores no querrían poner en riesgo su beneficio económico, o quizá en todo lo contrario, en una retirada de la oferta de compra. Crucial, en cualquier caso.

 

Con este paupérrimo presente y este incierto futuro se van a presentar en el Sánchez-Pizjuán dos históricos para disputar otra semifinal muy distinta a aquella de 2014, sabiendo que el traspié les dejaría muy tocados, pero no del todo hundidos, ya que aún tendrían opciones de remendar su error. Para Almeyda, el proceso de salvación está muy claro: Valencia, Oviedo y Levante son los rivales a los que necesariamente debe superar, con los valencianistas como más asequibles —o quizá no— por jugarse el encuentro en el estadio nervionense. A partir de ahí, los compromisos ante Osasuna, Real Sociedad, Español y Celta dan para pensar en poco más que un empate, mientras que sólo un milagro podría hacer que se adicionara algún punto ante Atlético de Madrid, Villarreal y Real Madrid.

 

Añádese a todo ello la importancia que empieza a cobrar en este tramo el factor psicológico y la influencia en el estado de ánimo de la plantilla que tendría el resultado del sábado, teniendo en cuenta que lo que viene después son dos semanas hasta el próximo compromiso en Oviedo. Lo que pudiera rondar durante tanto tiempo por las cabezas de tan mediocres futbolistas como la mayoría de los que entran en el vestuario sevillista sería un drama en caso de derrota en la noche sabatina. Panorama escalofriante el que vive el aficionado sevillista. Demasiado terror que inexorablemente lleva a pensar en la nunca suficientemente mal ponderada figura de quien responde al nombre de José María del Nido Carrasco.

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