Hoy solo me brotan los versos de Cernuda. Estoy cansado de estar vivo, pero mucho más cansado de estar muerto. Hoy creo que el Sevilla FC está en Segunda División. Mañana, no sé… me vendré arriba y empezaré a calentar motores para la Real. Pero hoy estoy derrumbado.
El equipo lo reúne todo para el descenso: inestabilidad institucional de cuatro años, plantilla recortada hasta la insignificancia, ciclos con entrenadores enloquecidos —ahora creo que Almeyda no se tendría que haber ido, aunque la culpa no es de Luis García—, mala suerte para colmo, desprecio del estamento arbitral… Casi no queda una sola condición que satisfaga el Sevilla FC actual. Después de 26 años siendo uno de los clubes más exitosos del mundo, la inmundicia del actual consejo de administración y del mandato de Junior lo han conseguido.
Todo lo que le tenía que salir mal al Sevilla FC le ha salido, tanto en Valencia como en Pamplona, mientras los restantes equipos no han dejado de ganar. Ahora mismo no tengo fuerzas ni para cálculos; solo sé que al final el Sánchez-Pizjuán determinará el final.
Los dirigentes, con el lerdo que preside, han hecho trizas un legado y las ilusiones de miles de sevillistas. Espero ver algún día ante el tribunal del sevillismo a esos herederos que nos han hundido. Y, si por casualidad salvamos la categoría, que no lo creo, os vamos a perseguir hasta borraros, como una pesadilla de terror, de la memoria de esta ciudad.
Malditos, malditos, malditos.







