La destitución de Almeyda en el Sevilla FC: un sistema defensivo insostenible y una crisis con responsables claros

Manuel Vicente

26 de marzo de 2026

Manuel Vicente, columnista de dorsal16 sobre el Sevilla FC

La destitución de Almeyda en el Sevilla FC: un sistema defensivo insostenible y una crisis con responsables claros

Manuel Vicente

26 de marzo de 2026

Manuel Vicente, columnista de dorsal16 sobre el Sevilla FC

La culpa de la destitución de Almeyda solo la tiene Almeyda. Su empecinamiento en establecer un sistema defensivo imposible de sostener en la liga española le ha llevado progresivamente hacia la puerta de salida del Sevilla Fútbol Club. Esta entidad ha dedicado todo su empeño, su saber y sus energías para sacarla del problema en el que la han metido los incapacitados propietarios que se sientan en el Consejo de Administración.

Nadie puede atribuirle al entrenador argentino que sea el causante o culpable del estado en el que se encuentra el Sevilla Fútbol Club, pues toda la responsabilidad y la culpa de que sea una entidad arruinada cuyo único propósito es deambular por la máxima categoría del fútbol nacional e intentar minimizar las opciones de descenso recaen única y exclusivamente en Del Nido Benavente, Pepe Castro y todos los consejeros que pasean por la planta noble del Sánchez Pizjuán. Lo que se ha puesto de manifiesto durante estos tres cuartos de campeonato es que Almeyda no ha encontrado la solución al problema creado por los mencionados inútiles que poseen los títulos de propiedad de la Sociedad Anónima Deportiva.

Almeyda no ha sido la solución por culpa de un vicio que acostumbra a llevar al cadalso deportivo a muchos de sus colegas. Este vicio es el del empecinamiento en una determinada idea con la que están dispuestos a morir a pesar de que les lleve de derrota en derrota hasta el desastre final. La soga del argentino ha sido una tozudez en que los defensores no soltaran la marca de su correspondiente atacante rival, al cual perseguían en unos partidos más metros y en otros menos. A veces lo hacían durante todo el campo y, en otras ocasiones, solo en algunas parcelas, pero el resultado final siempre era el mismo: pérdida de posición, abandono de zona y desorganización total del equipo.

Así es como se han ido sucediendo los partidos del Sevilla Fútbol Club durante toda la temporada: en el momento en el que un defensor abandonaba su zona para perseguir a su marca, otro rival buscaba inmediatamente el espacio vacío para penetrar, obligando, a su vez, a que otro sevillista abandonara igualmente el espacio de su competencia para que un segundo rival campase a sus anchas, y así sucesivamente. Lo decía el entrenador valencianista Carlos Corberán en la previa de su compromiso en el Sánchez-Pizjuán: «El Sevilla es el único equipo que defiende con ese sistema». Le faltó decir… al que podríamos bautizar con el nombre de «coladero».

La realidad es que solo poniéndole por delante un coladero podría el Mallorca marcarle siete goles a un rival en dos partidos o meter tres goles el Levante en campo contrario. No se explica de otra forma el hecho de que Odysseas sea el portero más goleado. Esto queda remarcado por otros datos, a veces irrelevantes, que en esta ocasión tienen mucha elocuencia. Un ejemplo son los registros históricos que está marcando el equipo en faltas y amonestaciones. Todos ellos se deben a la inutilidad del sistema defensivo.

El defecto de Almeyda no ha estado basado en el esquema de la defensa. Da igual que jugara con línea de tres, de cuatro o de cinco defensores; da igual que en la línea medular hubiera dos o tres jugadores; da igual que en la línea más adelantada estuvieran dos delanteros centro o un delantero y un mediapunta. No era cuestión de esquema, sino de sistema, ya que ha sido el propio sistema el que desordenaba al equipo. Se afanaba el entrenador argentino en clamar por encontrar el orden sin caer en la cuenta de que era el sistema defensivo basado en la marca al hombre, y no en la defensa de un espacio. Esto le llevaba a la desorganización, puesto que en el fútbol actual lo importante son los espacios.

Ahí ha estado el origen de todos los males del Sevilla de Almeyda, desde el cual han emanado otros defectos como la ausencia de un estilo de juego después de ocho meses de competición. El entrenador ha estado tan afanado en intentar evitar el desorden intrínseco de su sistema, que ha aturullado las mentes de unos futbolistas. Estos jugadores carecen de técnica e inteligencia futbolística suficientes. Además, su autoconfianza se ha visto mermada por los malos resultados, lo que les ha impedido construir un patrón de creación de fútbol en tres cuartos de competición.

Así es como se ha llegado al tramo final de la era Almeyda, en la que se han adoptado decisiones incomprensibles, como mantener en la alineación titular a jugadores tan inoperantes como Alexis o Suazo —con el agravante, en el caso del lateral, de que la aparición fulgurante de Oso ha revelado aún más sus carencias—, acompañado de la ausencia de protagonismo de otros como Mendy o Januzaj sin justificación alguna. En este contexto no sorprende el inefable partido del pasado sábado, tras el cual no cabía más opción que despedir, aunque sea con pesar, a un señor y a un hombre íntegro y honesto, pero de eso no se come en el fútbol.

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