Dos partidos del Sevilla FC, dos victorias, dos goles anulados. La angustia continúa, pero algo más atenuada. El sevillismo llenó el campo, vació el alma y recargó la esperanza. Nunca falla. Me admira cómo la gente nuestra ha sabido coger el mando y la capacidad de coordinación que la vanguardia ejerce sobre los 40.000 presentes y los miles y miles de ausentes. Todo al rojo y una mancha colorada cubre el estadio. Todo al blanco y una marea impoluta abarrota las gradas. Es increíble esa capacidad de movilización concertada.
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Decía Bloch que había un hilo rojo invisible que unía a todos los pensadores univocistas —aquellos que dicen que el ser es uno— desde Aristóteles a Marx, pasando por Duns Scoto, Enrique de Gante, Spinoza o Avicena. Hay un hilo rojo invisible que une a la afición del Sevilla FC, que existía mucho antes de que las redes sociales o Internet ocuparan el espacio informativo.
Ese es el hilo que movilizó a miles de personas un dos de agosto de 1995 contra un descenso injusto e incomprensible del Sevilla FC. Ese hilo llevó la mayor movilización deportiva de masas de la historia del fútbol español al Bernabéu en aquella final contra el Getafe. Ese hilo bordó Europa, desde Glasgow a Mónaco, pasando por Budapest y Varsovia, sin olvidar Turín o Basilea.
Ese hilo conecta todos nuestros deseos y convierte en casi invencible a un equipo tan maltrecho como orgulloso. Ese hilo estuvo invisible y casi intangible el lunes contra la Real Sociedad y el sábado en el rugir de la Bombonera en el triunfo del Sevilla FC ante el RCD Espanyol.
El equipo jugó mejor el lunes que el sábado, no porque la Real no se jugara nada y el Sevilla FC sí, sino porque a este equipo, hecho de casta y coraje, le va mejor competir contra rivales que quieren jugar al fútbol que contra rivales que solo quieren no perder, como el Espanyol. Luis García Plaza ha dispuesto un conjunto para evitar errores propios y aprovechar los errores contrarios y… para correr hasta el agotamiento.
Las líneas del Sevilla FC están juntas, nadie necesita, ni sabe, ni quiere jugar el balón en el medio; todo se resume en ganar la pelea en las áreas. Inmerso en esta explosión de fe y coraje, la versatilidad y la habilidad de Ejuke destacan sobremanera. Un Ejuke que también rodó y corrió como un poseso. Akor Adams, con ese cuerpo de figura esculpida por Castillo Lastrucci, saltó al césped y marcó. El resto no desmereció; incluso Agoumé, silbado inoportunamente en el cambio, fue la mejor versión de sí mismo.
En la grada, las caras de miedo y angustia se tornaron en felicidad y alivio cuando Adams mostró su cincelada musculatura al gol sur. Estamos a tres puntos del descenso y a cuatro de la Conference League. Vamos a Villarreal. Todavía jugamos la Conference, pero también todavía podemos descender. Claude, mi IA, dice que las probabilidades cuánticas del Sevilla FC de caída a los infiernos han descendido, a día de hoy, al 3 %. No sé, pero esta noche duermo más tranquilo.







