Entre San Benito y Luis García Plaza

Francisco Garrido Peña

30 de marzo de 2026

Sevilla Fútbol Club opinión sevilla fc Vlachodimos

Entre San Benito y Luis García Plaza

Francisco Garrido Peña

30 de marzo de 2026

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Me gustaría que desde San Benito se dijera con claridad, sin rodeos ni medias verdades, que estamos ante un momento decisivo en la historia del Sevilla Fútbol Club. Que la llegada de Sergio Ramos como máximo accionista no es un movimiento más, sino un punto de inflexión que obliga a todos a posicionarse, a reflexionar y a asumir responsabilidades.

Que se diga también que esta nueva etapa no puede construirse únicamente sobre nombres propios ni sobre gestos simbólicos. Ramos representa muchas cosas para la afición del Sevilla Fútbol Club: orgullo, identidad y carácter competitivo. Pero también genera dudas legítimas en un contexto donde el club viene de años de inestabilidad, decisiones erráticas y una creciente desconexión con su afición.

Por eso, más que nunca, sería necesario escuchar algo que rara vez se dice en el fútbol: una petición sincera de disculpas. Disculpas por estos años de angustia, por la deriva institucional, por haber llevado al Sevilla Fútbol Club a una situación de desgaste emocional constante. Porque ningún proyecto sólido puede levantarse sin antes reconocer los errores que lo han debilitado.

San Benito ha sido, para muchos aficionados del Sevilla Fútbol Club, mucho más que un símbolo. Ha sido refugio en los momentos difíciles, un espacio casi íntimo donde se canalizaban la fe y la esperanza. Y, precisamente por eso, todo lo que ocurra ahora adquiere una dimensión mayor. No se trata solo de quién lidera el club, sino de cómo se reconstruye el vínculo con una afición que ha sentido, en demasiadas ocasiones, que no era escuchada.

La llegada de Sergio Ramos debe entenderse, por tanto, como una oportunidad, pero también como una enorme responsabilidad. No basta con encarnar el sevillismo desde el discurso; hay que traducirlo en decisiones coherentes, en transparencia institucional y en un proyecto que vuelva a ilusionar de verdad.

Sin embargo, este no puede ser un camino individual. El Sevilla Fútbol Club necesita recuperar la unidad interna, dejar atrás las fracturas que han debilitado su estructura y volver a construir un relato compartido. Un club como el Sevilla no puede permitirse vivir instalado en la división permanente, en el ruido constante o en la confrontación estéril.

Confío en que esta nueva etapa sirva para algo más que un cambio de nombres. Que sea el inicio de una reconstrucción real, profunda, que devuelva al club su identidad competitiva, su ambición y su conexión con la grada. Porque sin esa conexión, sin ese sentimiento de pertenencia, cualquier proyecto está condenado a quedarse incompleto.

Es momento de mirar hacia adelante, pero sin olvidar lo vivido. De aprender de los errores y de sentar las bases de un Sevilla Fútbol Club más fuerte, más coherente y más unido. Y de entender que liderar este club no es solo una cuestión de poder, sino, sobre todo, de responsabilidad histórica.

Oviedo trae muy malos recuerdos al sevillismo, un olor inconfundible a “segundazo”. Esperemos que, si la historia vuelve a cruzarse en ese escenario, sirva para dejar atrás ese pasado desagradable y avanzar hacia una nueva esperanza sevillista.

Confiamos en que el nuevo técnico, Luis García, sepa y pueda salvar la nave en medio de esta tempestad, contenida entre la desesperación y la depresión del sevillismo. Almeyda se vio contagiado por la locura instalada en la planta noble del Pizjuán. Gracias de corazón: lo suyo fue breve, pero intenso. Ojalá te hubieras encontrado con un Sevilla Fútbol Club más grande para que nos hubieras podido regalar ese juego intenso y alegre de tu fútbol. No pudo ser.

Que nadie vuelva a contagiarse de la locura que en otros tiempos llevó al club a situaciones tan delicadas, y que el sevillismo recupere su orgullo en las zonas más profundas de su identidad.

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